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miércoles, 29 de agosto de 2012

Irse de tapas por Barcelona


De pronto me entran ganas de cerrar el ordenador e irme a la calle. Sentarme en una terraza, pedir un vino y dejar que la tarde pase ante mis ojos, sin preocupar de nada más. Entonces me he acordado de un sitio especial. Un sitio que me gusta especialmente. Para ir con un grupo de amiguetes o para ir sola, porque allí siempre te hacen un hueco y te tratan como si llevases allí sentada toda la vida. Se llama Cucut Biz and Bar y está en Barcelona.
Estaba pensando en lo que es sentarse en la terraza, por la tarde, ya casi sin sol, pero con buena luz. Pedir un vinito tinto… aunque no es ni lo mejor ni lo peor que se puede pedir, porque tienen una bodega bastante nutrida con buenos vinos y algunos espumosillos de esos que quitan el sentido. Y me gustan.
En seguida aparece la copa y una tapita. Una tostada, que ellos llaman “torrada” de pan payés… quizá con jamón o con queso o incluso con paté. Deliciosa. Quizá después, con otra copita de vino llega un poquito de bacalao o de salmón ahumado… es como la lotería, nunca sabes qué te va a tocar, pero estás seguro de que te va a gustar que te toque.
Personalmente, ya que me acerco hasta allí, me mojo un poco y pido también un serranito, que es un pimiento verde, relleno de tortillas de patata con jamón y alioli gratinado con virutas de jamón… que se dice pronto, pero estar allí y no comerse al menos uno, es un pecado y de los gordos.
Es una experiencia relajante en muchos sentidos. Quizá porque a mí comer y beber bien me resulta un placer indescriptible o porque encontrar un sitio en el que uno se sienta parte del todo, donde uno está a gusto incluso cuando está lejos de su ciudad, es algo difícil y yo, cuando lo encuentro, lo aprecio en demasía. O quizá sea simplemente porque el sitio y su gente lo vale. Que todo puede ser.
Además a veces tiene suerte y le toca integrarse en algún sarao, porque en Cucut Biz and Bar lo raro es que no estén organizando alguna. Una cata, una presentación, un festival, estén todos disfrazados o haya un cumpleaños. Siempre hay algo entretenido y puedes optar por el mutismo solitario del que se abstrae y se concentra en sí mismo y sus pensamientos o en meterte de lleno y formar parte del festejo. No te van a decir que no.
Y por si fuera poco, para mí, es especialmente importante el hecho de poder compartir mi tiempo libre con mi pequeña bola de pelo con patas. Mi perrita. Cuya compañía siempre es inmejorable. En este lugar, mi amiguita es bienvenida.
En fin, es sólo un antojo. Una idea que quería compartir con vosotros, por si vivís en Barcelona y no sabéis que hacer una tarde cualquiera o por si tenéis pensado visitar la ciudad condal en los próximos días… o meses… creo que es una opción a tener muy en cuenta porque estoy segura de que os va a gustar tanto como a mí.

jueves, 9 de febrero de 2012

Tu Bishvat, el año nuevo de los árboles


Hace apenas una semana tuvo lugar Imbolc, la fiesta celta que celebra el fuego, la fertilidad, es decir, cuando nacen los animales y la madre ya está preparada para encontrar el alimento, porque prácticamente ya está aquí la primavera (o eso debía ocurrir entonces, porque este año está claro que el invierno va por su cuenta y la nieve no tiene pinta de desaparecer por el momento). Era la celebración en la que comenzaba de nuevo la vida, la luz, la naturaleza empezaba de nuevo a brotar y el frío quedaba desterrado.
Curiosamente, ayer (8 de febrero) también celebramos la fiesta judía del 15º Shavat. Tu Bishvat, es el Año Nuevo de los árboles, cuando comienzan a asomarse los primeros brotes de vegetación. Simboliza el amor por los frutos de la Tierra de Israel y especialmente para las siete especies con las que fue bendecida en la Biblia: el trigo, la cebada, las uvas, la granada, los higos, las aceitunas y los dátiles. Todo lo necesario para un festín. O en plan más cercano, para irse de aperitivo, porque tenemos la base de los vinos y la cerveza y un surtido interesante para las tapas. Nunca mejor pensado.
Al margen de la religión que profese, o no, cada uno, en estas, como en todas las fiestas, hay un delicado trasfondo espiritual. De esta podemos aprender que así como el propósito del
árbol es darse cuando disfrutamos de sus frutos, de manera similar, nuestra propia realización y el propósito se cumplen cuando estamos alegres y damos alegría a los demás a través de nuestras buenas obras. ¿Qué más se puede desear? Es curiosa la similitud entre una cultura y la otra. Quizá deberíamos tomar ejemplo y celebrar estos días a nuestra propia manera, porque no podemos negar, que la idea es fabulosa.