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lunes, 20 de febrero de 2012

La Torta de Linz

La capital de Alta Austria es famosa, entre otras muchas cosas por una dulce tarta, crujiente y rellena de mermelada, normalmente de grosella. La historia viene de largo porque hasta hace unos años se pensaba que la receta databa de 1696, porque se conservaba un pliego con la receta en la Biblioteca pública de la ciudad de Viena, pero en el 2005, Waltraud Faissner publicó un libro titulado “Cómo hacer la tarta de Linz”… al parecer, el caballero había encontrado una receta anterior, en un Codex del archivo de la Abadía de Admont. Esa receta se remontaba al año 1653. Y si la recogieron por escrito en ese año, imaginaos el tiempo que haría que la preparaban pasando la receta de madres a hijas. Se trata sin duda, de una tarta con solera. Que además está deliciosa.
En los años 20 del siglo XIX, fue Johan Konrad Vogel quien decidió comenzar a producir en masa esta tarta. En 1850, el aventurero austriaco Franz Hölzlhuber llevó la receta consigo a Milwaukee, en los Estados Unidos. Y fue quien, por ende, la hizo famosa en todo el mundo.
Su masa es muy crujiente, está hecha con harina, mantequilla, yema de huevo, ralladura de limón, canela, zumo de limón y frutos secos machacados, cada uno los que prefiera, pero los austriacos son unos entusiastas de la avellana. En el centro se colocan los frutos secos y mermelada de grosella, aunque ahora también la hacen de ciruela, frambuesa o albaricoque. ¡Qué afición hay en Austria por los albaricoques! La parte superior de la masa, está enrejada, es decir, la masa se trenza para que la mermelada se vea.
La verdad es que no sé cómo puede salir tan buena, pero es una verdadera delicia.
Es una receta muy común en los días de fiesta, sobre todo durante la Navidad y en los meses de más frío. A veces, la preparan como una tarta de verdad y otras veces como tartaletas individuales, que más parecen galletas. Estas son las más peligrosas, porque todo es empezar. Absolutamente deliciosas.